lunes 14 de diciembre de 2009

La ciudad - Carlos Castillo Quintero

"Siameses" - Eugenio Rivas


LA CIUDAD

Un Amor desesperado y un lindo
Crimen lloriquean en el barro de la calle.

Arthur Rimbaud

Hay más frío en mi habitación
que en los ojos de quienes aguardan en los umbrales.
Sé que el lecho conserva otra memoria.
Sé que hace años, en esta calle, a esta hora alguien
tocaba una dulzaina.
Sé que tu piel es un privilegio

¿Te has ido? Sin ti no hay alegría.

El parque del barrio mintió tu perfume
en la tarde hizo algarabía y se
hincó
para que los niños subieran en su espalda,
pero el agua de la fuente no reflejó tu rostro.

La ciudad sabe que no estas…

Las calles hacen sonar sus espuelas: su resonancia
marca la extensión del océano
y me mide,
juego a que no escucho, a que no la veo
(pero tú sabes que no juego)
y me mide.

Las palomas durante todo el día y
durante toda la noche
comen y defecan
y duermen
y sueñan que
comen y defecan
durante todo el día y
durante toda la noche las palomas
en la cúpula de la Catedral y
en los aleros y
en los tejados de las casas del centro.
Hay uno que odia las palomas
y las enamora con papeles trenzados.
Hay un tren que pasa seis veces en la noche,
y que tú conoces.
Sé que el olor del fuego te desvela
el comercio íntimo del acero sobre el acero.
(Los rieles son un anillo que luce –asediada por un puñal
de huellas y de frío–
la vanidosa de epidermis asfáltica).
Sé que preferirías que el anillo fuera de plata.

¿Qué has ido a buscar? La ciudad es una niña procaz…

Hay una calle habitada por una hiena
que luce una estopa en la cabeza (en la quijada)
y se empeña en atormentar a las esquinas
con su tufo.
Hay una sirena que agoniza
en el lavamanos de un cuarto de hotel,
y canta una vieja tonada
que repite una promesa fundida en cinco hilos de
oro pútrido
que tus labios recuerdan.
Hay un bar que naufraga cada quince años
y una quinceañera
que permanece en la barra
y hombres de varias generaciones la aman
y no se molestan por el abanico en su rostro
ni por su anodino aire de geisha.
¿Qué se puede esperar de una ciudad
que permite el naufragio de sus bares?

¿Te has ido? Sin ti la ciudad no existe.

Había una Casa de Placer regentada por una muñequita
de cartón piedra,
y un farol de cristal holandés
y un nombre de siete cifras
olvidado bajo el calicanto.
Había una monja que delineaba laberintos
de brusca sangre en su espalda,
con un duende prendido a su ombligo
y un confesor.
Había una viuda con las piernas y
los senos intactos
como caballitos de mar
como siemprevivas
como escaleras tendidas a un cielorraso
que linda con las estrellas.
¿A dónde ha ido la ciudad,
y la Casa de Placer
que olvidó el patio sombrío en el
que una doncella duerme arrullada por los insectos,
y la monja
que gime esclavizada por un cirio,
y la viuda
que cada mañana recoge los cubitos de hielo
que brotan de su colchón? ¿A dónde?

¿Regresarás? A pesar de la bruma.
A pesar de que no llueve.
A pesar de que no hay luna,
por la rosa triste que mi mano ha escrito,
y por mi mano… ¿Vendrás?
La pérfida nieve se tragó mi habitación.
La ciudad se recoge, asustada,
huye de los diamantes crucificados en los ojos del poeta.


Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero

miércoles 13 de mayo de 2009

Estación nocturna

Marc CHAGALL - "Russian Village Under the Moon" - (1911)


“Bajo la luz titilante de una estrella moribunda”
T. S. ELIOT



1

La noche es una fiera.
Escondido tras los lentes oscuros
quiero evitar el fuego que surten
las faldas de las mujeres,
la del lunar, sonríe, es casi una niña
terrible, voluptuosa
transita por la calle perfumada.
-¿A dónde vas?
- a ninguna parte.
Y a pesar de la ducha fría,
la carne no olvida.


2

Una morena de senos enormes
juega a lanzar un niño al aire,
una y otra vez,
hasta que no vuelve a bajar.
El hombre vestido de torero, espera,
“no significa nada si no tiene swing”
dice, y el niño sube más y más.


3

Atrás, la iglesia cerrada
donde el sacristán oficia con vino puro
que toma del extraviado
recostado en su lecho.
Pájaro remoto sorprendido por el vacío
cuando aún no rebrotaban
sus alas.


4

Tras la puerta la imagen de un santo llora,
la música atrapa su llanto
y se lo lleva con el resto de sombra.


5

Perder un reino, dejarlo,
cambiar de ritmo,
olvidar tu fotografía en el muro
con un alfiler en el pecho, desnudo,
atravesado como por descuido.


6

Me abandono en la estación nocturna
con una mujer que ríe,
bebe de mi soledad y ya ebria
me muestra una cicatriz en el muslo
recuerdo de un capitán de navío
al que todavía espera...
Se tiende
y sus ojos reflejan la luna roja,
“venga”, dice
me dejo tragar por su cuerpo de ballena
y pienso:
Qué más da otro poco de abismo
cuando de ti
nada me queda.


Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero

lunes 20 de abril de 2009

OCTAEDRO



"Insomnio", 1947 - Remedios Varo

I
Quisiera hallarle utilidad,
un destino, a mi mano sin ti.

II
Y el amor que se hunde, se asfixia, se muere
en el gélido mar de la ausencia, su cadáver...
¿Sirve para alimentar a los peces?

III
La música va por la habitación, se desliza,
a palos de ciego te busca y regresa,
triste, sola, la música...

IV
Voluptuosa, abierta a la piel que acecha,
ebria, con una luna nueva en el pecho,
bella e inútil esta noche en la que no estás.

V
¿Qué caminos has ido a recorrer
de los trazados en las líneas de tu mano?

VI
Quizá otro deambule por el macramé pétreo de la casa,
y tropiece, sin hilo, sin brújula,
sin atreverse a consultar el mapa del cielo.
Quizá también huya del espejo y se crea, como yo,
único dueño de tu laberinto.

VII
Y si una tarde en un cruce de caminos, en una calle alguien te roza.
Y si ese roce casual te detiene,
si te miran y miras, si naufragas en esa mirada...
¿A dónde mi ruta?

VIII
No interesa ya, la extensión del paraíso.

De: Sin el azul del día (2008)

Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero


viernes 27 de marzo de 2009

Elegía - Miguel Hernández /Joan Manuel Serrat

El Grrito No. 3. - Oswaldo Guayasamín


Un pequeño homenaje a la amistad, a la tristeza... Para Clarita, para Catica




Elegía
De: Miguel Hernández


En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

jueves 26 de marzo de 2009

SEIS BURDELIANAS

"Desnudo doloroso" - Amadeo Modigliani

"BURDELIANAS"
Carlos Castillo Quintero
UPTC, 1994

PREAMBULO

Agreste, licenciosa, pasas la vida
sin pensar si sueñas
o en realidad gozas las formas de tu noche.

Y eres así:
no más imaginarte para huir
y penetrar la rosa que escondes
en la certeza de tu cuerpo

Agreste, licenciosa, te llamas Ifigenia,
te dicen Emilce.
te dejas decir-coger sin desear ni adornar
nada las cosas,
sin recordar, siquiera la condición de tu cuerpo.

Pasas la vida, usando, apenas un poco,
el reverso luminoso de las horas...

BURDELIANA III

Sobre el lecho,
la desnudez soporta el tatuaje
la huella caliente de manos cumplidoras
consumando oscuros compromisos.

Y dentro,
se va presintiendo el torrente
que lo inunda todo... y no deja de ser placentero
sentirse mojado de hombre,
humildemente entregado
a la locura de tomar aquello que no me pertenece.

BURDELIANA XII

1.

Caballero mío:
En esta ciudad ayer llovió,
de las montañas comenzaron a bajar barquitos de papel
montados sobre la lluvia.

Estuve pendiente por si veía tu bandera de pirata.
Ninguno naufragó
tuve que reconocer
que no habían sido construidos por tus manos.

2.

Hasta mis gastadas sábanas llegan noticias:
dime, es cierto ese rumor que se expande en la noche,
que te has ido, que no recuerdas mi nombre ni mis labios,
que ya no juegas con la lluvia...
y que te cortaste la barba.

En esta ciudad ayer llovió, y como siempre
fui a las montañas y envié barquitos de piel
a tu encuentro:
todos naufragaron sin la bondad de tus lágrimas.


BURDELIANA XIII

A, Gustav Von Aschenbach

"Sin título" - Luis Caballero

1.

Arribaste pronto
para la agilidad de los ojos y la piel.
Sentí tu enorme presencia poseyéndome,
intimidando mi cuerpo con palabras-sabores-palabras
que me recorrieron hasta hacerme tuyo.
Llegaste cuando apenas comenzaba mi sol interior
y te recibí confundido y noble, como un perro
ante el pan nuevo que le ofrece un nuevo amo.

2.

Me gustabas ensimismado sobre la playa de mi cuerpo
y solo,
resueltamente solo en tu corazón.
...Y tus labios besaron la apetecida muerte
mientras deshacía en el mar mi cuerpo de rapaz
y penetraba el cercano rumor de las olas.


BURDELIANA XVIII

Cadenas para sentir
mientras me consumes, ebrio,
nervioso por la exactitud de los cuerpos.

Cadenas en los labios
Para evitar la torpeza de ofenderme
Por la simplicidad de tu miedo,
tu pudorosa sensación
de que mi cuerpo pueda causarte daño.


BURDELIANA XIX

Vivo noches,
compartiendo con obtusos contendores
sin evitar el rincón oscuro que siempre he temido:
la atrocidad de los cuerpos
deformados por el alcohol o la risa.

Vivo, perteneciendo a quien recoja mis labios
o pague alguna cuenta de las que corresponden
o, simplemente, me sonría de esa forma que sé
y no puedo resistir.
Te repito que vivo,
para que no vayas a pensar,
que este recorrer de calles y de camas,
este esfuerzo por presentarme siempre bello...
para que no vayas a pensar, que esta soledad,
no puede parecerte vida.


Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero

martes 21 de octubre de 2008

Cinco Minificciones de CARLOS CASTILLO QUINTERO

LETANÍA DEL Dr. JEKILL

Olvidado de sí, de sus ímpetus, de sus arrebatos nocturnos, reducido a lo que mi espejo le permite se acomoda en el sofá, frente al televisor, y deja que las horas se desmoronen, inútiles, sus ojos van de un canal a otro, cristalizados reflejan el vacío de su alma antes infernal.
Y dentro, el fiero deseo se impacienta, el vicio bajo la piel se ahoga, mi queja, mi lamento, mi triste destino de no ser nadie sin usted, Mr. Hyde.


RÉQUIEM

Los enemigos de Ícaro pasaban las tardes en el monte fusilando avecillas, afinando la puntería para cuando fuera necesario aleccionar a otro que quisiera alcanzar las estrellas.
Y mientras tanto –como un perro de caza– un hombre los seguía, recogía los alados cadáveres, les requisaba la garganta y extraía las pequeñas flautas que los malogrados cantores ya nunca podrían ejecutar y las guardaba en una mochila, improvisado mausoleo para aquella celestial música de pájaros.
Para Pablo Montoya


LA OTRA VIDA

Por e-mail le comunicaron que estaba muerto y condenado al Infierno. Aquella noticia no lo sorprendió, pues su vida no había sido nada ejemplar. Sin embargo, creyó necesario responder aquel mensaje. Escribió:

¿Si estoy en el Infierno por qué mi casa, mi familia, mis amigos, mi trabajo, y mi vida siguen igual?


CASA DESHABITADA

Al escuchar el llamado, el habitante –antiguo huésped del insomnio– se levantó y abrió la puerta: no había nadie. Regresó a la cama pero antes de que pudiera recostarse de nuevo, el timbre sonó. Fue hasta la puerta, la abrió nuevamente, y una ráfaga de frío le cruzó el rostro y se perdió por la calle solitaria. Seguro de que se trataba de la broma de algún rapaz, regresó a la cama dispuesto a no levantarse otra vez.

El cartero llamó de nuevo, pero nadie abrió la puerta. Miro su reloj: 10 y 30 a.m. Miró el sobre, remite: Buenos Aires. Por tratarse de correo internacional decidió insistir y timbró otra vez, pero no obtuvo respuesta. Casa deshabitada, escribió en su hoja de reporte, y se marchó.

Adentro, el habitante intentó conciliar el sueño, pero no pudo. La luz del día lo molestaba. Se levantó, fue hasta el escritorio y reanudó su trabajo. Escribió:

“El habitante, condenado al insomnio, deambuló por la casa, fue y vino por las habitaciones vacías, durante horas, sin que el cansancio lo rindiera. Esperanzado, fue hasta el espejo del baño y con sus manos traslúcidas palpó su rostro, buscó su reflejo en la luna de azogue y sólo vio los azulejos, los grifos, la cortina... el baño desierto. Al escuchar el llamado, fue hasta la puerta principal, pero no abrió; atemorizado aguzó el oído, pasados unos minutos escuchó unos pasos alejándose de su casa. Y en su rostro de niebla se presintió el dibujo triste de una sonrisa”.

Para Raúl Brasca

JAQUE MATE

El Rey, entristecido, miró el campo de batalla, revisó su estrategia y con pesar tuvo que reconocer que ya había ganado aquella partida. Sin embargo, agachó la cabeza y concedió la victoria a su oponente, pues no soportaba que a su Dama se la hubiese comido el caballo.

domingo 5 de agosto de 2007

CARLOS CASTILLO QUINTERO


CARLOS CASTILLO QUINTERO

Ha publicado los poemarios Piel de Recuerdo (1990), Burdelianas (1994), Rosa Fragmentada (1995); el libro de breves ficciones Los Inmortales (2000) y la antología El placer de la brevedad / Seis escritores de minificción y un dinosaurio sentado (2005). Ha desarrollado una continua labor como periodista cultural, editor, corrector de estilo y promotor literario. Actualmente dirige el Taller de Creación Literaria de la UPTC, y es el Coordinador de la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa - RENATA en la ciudad de Tunja.


AGOSTO 24 DE 1899
I´m looking for the face
I hadBefore the world was made.
Yeats: The winding stair

–¡Lo estaba esperando! –dijo Asterión con voz potente. Borges que desde hacía tiempo caminaba en dirección al país de los muertos, levantó la cabeza y comprendió que había extraviado su ruta. A palos de ciego buscó en el laberinto de sombra a quien de esa forma le hablaba, y sus manos acostumbradas a ver en el vacío, se tropezaron con un intenso olor a toro. Sin temor se le fue aproximando.
–¡Lo esperaba para matarlo! –volvió a decir el astado.
El ciego dudó un poco y finalmente con una sonrisa se le acercó. Asterión, sorprendido, se dejó acariciar la cabeza. Con paciencia Borges le explicó que no podía matarlo porque él ya estaba muerto, que a lo sumo, lo que podía hacer era ayudarlo a encontrar el camino hacia el Hades, pues al parecer sus ojos sin luz le habían hecho perder el rumbo.
El Minotauro, todavía invadido por el éxtasis que le procuraron la manos y la voz tranquila del viejo, amedrentado, se alejó buscando protección en el infinito nudo de líneas que constituían su casa.
Ajeno a los temores del que huía, el anciano continuó hablando y sus palabras abrieron nuevos caminos en aquellos muros, hasta que la ausencia del olor de la criatura se impuso a su alrededor comunicándole que estaba solo. Cansado, buscó una repisa y apoyando la cabeza en el bastón, se durmió. En su sueño escuchó a la madre muerta leyéndole cartas, y su madre se fue transformando en la esposa amada con la que volvió a vivir mil y una noches de historias, y era ella Emma Zunz que buscaba salida a su deseo, y juntos fueron hasta un sótano desde donde asistieron a una boda celebrada en los confines del mundo, y allí vio a un Borges que era rey en un país de arena y que soñaba con un pájaro; y la voz de su madre retornó y era ella una misma e infinita mujer que leía... Así lo encontró Teseo que, aterrorizado ante aquel monstruo de ficción, aprovechó su letargo para asestarle un AGOSTO 24 DE 1899
I´m looking for the face I hadBefore the world was made.Yeats: The winding stair
–¡Lo estaba esperando! –dijo Asterión con voz potente. Borges que desde hacía tiempo caminaba en dirección al país de los muertos, levantó la cabeza y comprendió que había extraviado su ruta. A palos de ciego buscó en el laberinto de sombra a quien de esa forma le hablaba, y sus manos acostumbradas a ver en el vacío, se tropezaron con un intenso olor a toro. Sin temor se le fue aproximando.
–¡Lo esperaba para matarlo! –volvió a decir el astado.
El ciego dudó un poco y finalmente con una sonrisa se le acercó. Asterión, sorprendido, se dejó acariciar la cabeza. Con paciencia Borges le explicó que no podía matarlo porque él ya estaba muerto, que a lo sumo, lo que podía hacer era ayudarlo a encontrar el camino hacia el Hades, pues al parecer sus ojos sin luz le habían hecho perder el rumbo.
El Minotauro, todavía invadido por el éxtasis que le procuraron la manos y la voz tranquila del viejo, amedrentado, se alejó buscando protección en el infinito nudo de líneas que constituían su casa.
Ajeno a los temores del que huía, el anciano continuó hablando y sus palabras abrieron nuevos caminos en aquellos muros, hasta que la ausencia del olor de la criatura se impuso a su alrededor comunicándole que estaba solo. Cansado, buscó una repisa y apoyando la cabeza en el bastón, se durmió. En su sueño escuchó a la madre muerta leyéndole cartas, y su madre se fue transformando en la esposa amada con la que volvió a vivir mil y una noches de historias, y era ella Emma Zunz que buscaba salida a su deseo, y juntos fueron hasta un sótano desde donde asistieron a una boda celebrada en los confines del mundo, y allí vio a un Borges que era rey en un país de arena y que soñaba con un pájaro; y la voz de su madre retornó y era ella una misma e infinita mujer que leía... Así lo encontró Teseo que, aterrorizado ante aquel monstruo de ficción, aprovechó su letargo para asestarle un mazazo que le deshizo la cabeza.

Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero